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MIS TARDES EN LA CANDELARIA

Muchas historias empiezan a escribirse ya conociendo su final y déjeme decirle de una vez que ésta no.

Eran las 6:00pm, ya caía la oscura tarde en plena Plaza de Bolívar, la carrera séptima se encontraba llena, no solo de personas que salen de sus oficinas, sino también de música en vivo, arte callejero, una que otra estatua viviente y mis favoritos, una pareja de viejitos bailando tango, un ambiente amado por algunos y odiado por otros pero yo hacía y hago parte de esa minoría que ama el centro en todo su esplendor capitalino, de hecho en ese momento de mi vida era mi único motivo para levantarme e ir todos los días a un trabajo que detestaba por diferentes motivos que no mencionaré acá, porque sé que muchas personas pasan por esta situación y ya bastante tienen con eso, pero sí resaltaré una gran enseñanza que éste me dejó, valorar mi tiempo, es de ahí que nace el impulso y motivación para empezar con este proyecto de la mano de mi compañero de vida, ¿Es una tarea fácil?, no, ¿Es satisfactorio? si, y eso es más que suficiente para seguir, saber que mi tiempo está siendo empleado en algo que me llena como diseñadora, con un objetivo más allá de sólo crear personajes, también de generar un sentido de pertenencia y orgullo por Bogotá, la ciudad que es de todos y a la vez de nadie, que alberga sin fin de historias y anécdotas que con el paso del tiempo se van olvidando, y no, esto no puedo seguir ocurriendo, nuestra identidad no puede quedar opacada por el tiempo, de hecho debe ser recordada y admirada.

Desde que tengo uso de razón, siempre me he sentido atraída por la creación de historias que a su vez tienen personajes, escenarios, objetos que conforman esta trama y sucesos interesantes, además creo firmemente que en esta vida todo tiene un objetivo o intención, en el caso de estas historias con el solo hecho de entretener han cumplido con este pensamiento, es por eso que decidí ilustrar a La Loca Margarita, porque su historia está llena de sucesos que marcaron radicalmente su vida, al punto de definirla por completo, también ese fervor por su partido político la hizo única en su «locura», que a la larga, me atrevo a decir que no era locura, era amor por sus ideales y me pongo a pensar ¿Y si todos actuaramos con esa determinación por nuestros deseos hasta dónde llegaríamos?, creo que la pregunta se responde sola, y si, considero que así debe ser la vida, llena de impulsos y decisiones inesperadas acompañadas de toda esta locura, así, quién sabe hasta dónde llegaremos.

Cómo decía al principio, esta es una historia que no conoce su final, se que hay mucho camino por recorrer y aprender de cada experiencia que llega y lo más importante es buscar esas cosas que nos hacen felices, en mi caso era el tiempo, poder ser dueña del mismo, sentirme en un estado de «libertad» sin dejar a un lado muchas de mis obligaciones pero sobre todo estar en paz conmigo misma, en el momento en el que esa tristeza o inconformidad desaparece todo el panorama se aclara, las ideas fluyen y el trabajo real llega con decir que ni siquiera se ve como trabajo, se ve como un pasatiempo, lo que hace que éste quede mejor.

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