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YO ILUSTRÉ A BALTAZAR, EL DUENDE DE LA CANDELARIA

A la altura de la calle 12 en el barrio la Candelaria de Bogotá existe un relato aterrador que ocurrió mucho tiempo atrás, pero bueno ese no es el tema en el que me quiero centrar, solo escribía casi por inercia el inicio de una historia que no me marcó, no tuvo relevancia alguna en mi vida, la verdad pienso que si me enseñó algo no fue mucho, pero lo cierto es que me atrapó y en ella vi una oportunidad. La oportunidad de un joven diseñador, caprichoso y consentido que difícilmente hace algo que no le guste o que no le interese del todo, es así que quiero contarles porqué decidí meterme en este proyecto, en el que sé, no tienen ni idea de que trata, pero vamos paso a paso a ver si me hago entender.

Al graduarme de la universidad como diseñador industrial parecía que no había pasado el tiempo, si bien sentía que mi criterio como profesional  era firme no me sentía preparado para hacer nada, es decir ¿me iba a poner a repartir hojas de vida? ¿Iba a empezar un viaje por el mundo sin preocuparme? Yendo de sitio en sitio aprendiendo a conocerme y haciéndome esa pregunta cliché, la cual todas las doctrinas actuales parecieran decirnos  que es el primer paso a la felicidad. ¡Sí! la de superación personal ¿Quién soy yo? Las dos las considero opciones, pero de alguna forma son rumbos que evaden la responsabilidad que los diseñadores tenemos con la sociedad, claro, cada quien toma el camino que le plazca, de hecho si me lo preguntan yo me fui de viaje… Pero ojo, eso siempre será más cómodo que repartir hojas de vida..

Distintas circunstancias me trajeron de nuevo a Bogotá, si, la polémica capital, la que nadie parece querer, la insegura, la de los trancones, la de los corruptos,  bueno la de siempre en la que cabe todo mundo, los que no hacen nada, los que luchan día a día por comer algo, los que tienen mucho, y bueno un sin fin de personajes en los que quiéralo o no tiene que haber algo bueno o eso fue lo que pensé en ese momento en el que sí o sí tocaba ver el vaso medio lleno.

Entonces a retomar conceptos, en la universidad te enseñan que los productos no vienen de la nada, que para llevarlos a cabo se deben tener bases sólidas,  en las que a partir de un problema se planteen y evalúen soluciones, siempre teniendo en cuenta al usuario y contexto del mismo. Es así que me decidí por empezar a buscar problemas en mi ciudad, que de muchas formas la quiero y ¿Por qué no hacer algo por ella que tanto necesita?

Pero como ya había explicado no hago nada que no me guste, entonces encontré algunos problemas más atractivos que otros (si algunas veces los diseñadores vemos a los problemas como algo atractivo), en esa búsqueda  me di cuenta que una de las mayores falencias de los bogotanos que decimos querer está urbe repleta de todo, es que nos jactamos de conocer sus costumbres y  tradiciones, pero no nos digamos mentiras siempre hacemos una lista de las mismas cosas, que el ajiaco, que la candelaria, que dialecto cachaco, que la séptima y mi favorita el chocolate santafereño  (han notado que en Colombia se habla de comida por todo), a raíz de esto pensé que Bogotá no podía ser solo un listado de cosas que decidimos que fueran tradicionales y menos siendo una ciudad tan grande, y de investigación en investigación me case con esos relatos que van de boca en boca sobre personajes auténticos y contados por gente común y corriente, que simplemente por hacer algo que les gusta hace que sobrevivan un sinnúmero de reminiscencias, que bueno no estoy seguro de que nos definan como Bogotá, pero en algo ayudarán a que cambie su imagen que solo se centra en el caos que significa vivir en ella, tal vez te sientas más bogotano o solo te enteres de algo, en cualquiera de los casos la labor estará cumplida.

Y es así  que yo ilustré a Baltazar, el duende de la candelaria y ahora te invito a que veas lo que hacemos para que sepas de quien o de que se trata.

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